Mar. Ene 20th, 2026

La gran mayoría de los hogares costarricenses enfrenta serias limitaciones para generar ahorro, según datos del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional (UNA). En promedio, las familias del país solo pueden ahorrar un 5% de sus ingresos, lo que evidencia una situación financiera vulnerable para amplios sectores de la población.

A nivel nacional, el estudio muestra una mejora en la tasa de ahorro bruto de los hogares, que pasó de -0,28% en 2012 a 5,31% en 2022. Sin embargo, esta recuperación no ha sido homogénea y se concentra principalmente en los hogares de mayores ingresos.

Desigualdad en la capacidad de ahorro

De acuerdo con el análisis por quintiles, los cuatro primeros quintiles, correspondientes a los hogares con menores ingresos, no presentan capacidad de ahorro en promedio. Únicamente el quintil de mayores recursos logra ahorrar, con una tasa cercana al 24% de sus ingresos.

La fuente de ingresos también influye de manera determinante. Los hogares que dependen de rentas de la propiedad alcanzan una tasa de ahorro promedio del 81,2%, mientras que aquellos cuyo principal ingreso proviene de salarios y sueldos apenas logran ahorrar un 2,2%.

Educación y género influyen en el ahorro

El estudio también destaca el impacto del nivel educativo de la jefatura del hogar. Los hogares con jefaturas de nivel educativo alto registraron una tasa de ahorro promedio del 12,83%, mientras que aquellos con niveles medio y bajo no lograron generar ahorro.

En cuanto a las brechas de género, los hogares encabezados por hombres presentaron una tasa de ahorro del 10,4%, mientras que los hogares con jefatura femenina registraron una tasa negativa de -3,61%, lo que refleja desigualdades estructurales en el acceso a ingresos y oportunidades económicas.

Factores estructurales determinan el ahorro

El Observatorio Económico Social concluye que la capacidad de ahorro de los hogares costarricenses está condicionada por factores estructurales como la distribución del ingreso, la fuente de los recursos, el nivel educativo y el sexo de la jefatura del hogar, elementos que continúan profundizando las brechas sociales y económicas en el país.