Ni la experiencia ni la jerarquía fueron suficientes.
Keylor Navas atravesó una de las noches más difíciles de su carrera, al recibir cuatro goles en apenas 18 minutos durante un partido de copa que se convirtió en pesadilla.
El guardameta costarricense, acostumbrado a brillar en escenarios de máxima exigencia, fue superado constantemente por un rival que aprovechó cada desajuste defensivo para castigar sin piedad.
Más allá del minuto a minuto, el partido reflejó una realidad clara: Navas estuvo expuesto, sin respaldo defensivo y con un equipo que nunca logró ordenarse.
Las anotaciones llegaron en ráfaga, dejando sin reacción al arquero tico, que pasó de sostener a su equipo a ver cómo el marcador se inclinaba de forma contundente en su contra.
Este tipo de partidos no borran la trayectoria de Keylor Navas, pero sí evidencian que ni los mejores están exentos de noches negras, especialmente en torneos de eliminación directa donde el margen de error es mínimo.
Una jornada dura, de esas que golpean el orgullo, pero que también forman parte del fútbol incluso para figuras de talla mundial.


