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Jue. Ago 28th, 2025

Estrategia política detrás del insulto de los «gatos«

El diputado del Frente Amplio, Ariel Robles, protagonizó una de las escenas más comentadas en el plenario legislativo durante la discusión del proyecto de jornadas extraordinarias 4×3.

En medio del debate, el legislador contestó con un maullido a la oficialista Ada Acuña, lo que rápidamente desató reacciones en redes sociales y dentro del propio Congreso.

La acción, que inicialmente parecía un gesto irónico o incluso burlesco, terminó por convertirse en un sello de identidad dentro de su agrupación política.

En cuestión de días, la frase y la imagen de Robles maullando fueron reinterpretadas como símbolo de rebeldía.

A lo interno del Frente Amplio, la anécdota fortaleció la idea de presentarlo como una voz contestataria frente al oficialismo y, de inmediato, se proyectó como un recurso de campaña.

De hecho, el partido anunció que el inicio formal de la campaña presidencial para 2026 se realizará con un concierto denominado “4 Gatos”, un claro guiño al episodio legislativo.

La jugada evidencia cómo, en política, un insulto o burla puede transformarse en un activo electoral y convertirse en parte del discurso simbólico de una campaña.

Este fenómeno no es nuevo en la arena política costarricense. Durante las luchas internas en el Partido Liberación Nacional, el apodo “Turqueso” dirigido a Gilberth Jiménez fue utilizado como un intento de descalificación, pero con el tiempo el mismo candidato terminó incorporándolo en su estrategia para mostrarse cercano y auténtico frente a sus seguidores.

El análisis

Analistas consultados señalan que este tipo de episodios reflejan la capacidad de un movimiento político para resignificar ataques y convertirlos en herramientas narrativas.

En un contexto electoral cada vez más cargado de símbolos, redes sociales y confrontación mediática, gestos como el de Robles pueden ganar peso más allá del momento en que surgieron.

La campaña electoral de 2026 apenas inicia, pero ya muestra señales claras de que cada palabra, gesto o apodo lanzado en el calor del debate político podrá ser utilizado como bandera, ya sea para reforzar identidades o para marcar diferencias.

Lo ocurrido con los “gatos” de Ariel Robles es solo un primer ejemplo de la intensidad que podría marcar el proceso electoral en los próximos meses.