¿Por qué Costa Rica sale con faroles cada 14 de setiembre?
La tradición nació inspirada en un episodio ocurrido en Guatemala y se convirtió en una de las celebraciones patrias más queridas
Cada 14 de setiembre, cuando cae la tarde, las calles comienzan a llenarse de niños, familias y faroles de todos los tamaños. Costa Rica revive una tradición que va mucho más allá de llevar una luz en las manos. El farol representa la libertad, la esperanza y el espíritu cívico, pero su historia no comenzó en nuestro país. Tampoco nació exactamente el día en que Costa Rica recibió la noticia de la Independencia. Su origen está ligado a una noche de 1821 en Guatemala.
La historia se remonta al 14 de setiembre de 1821, cuando en la ciudad de Guatemala se discutía el futuro de Centroamérica ante la posibilidad de declarar la independencia de España. En medio de aquella tensión, María Dolores Bedoya, conocida como Dolores Bedoya, salió a las calles con antorchas para convocar a vecinos y respaldar públicamente el movimiento independentista. La multitud terminó expresando consignas como “Viva la Patria” y “Viva la Libertad”. Ese episodio es el que el tradicional desfile costarricense busca recordar cada año.
Y aquí aparece un detalle que muchas veces se pierde: en 1821 no existía electricidad. Las noches se iluminaban con velas, lámparas o antorchas. Además, Costa Rica formaba parte de la Capitanía General de Guatemala. Por eso, la noticia de la Independencia debía viajar físicamente de un territorio a otro. Esa idea de llevar una luz de un lugar a otro terminó convirtiéndose, con el paso del tiempo, en un poderoso símbolo de libertad.
Pero los costarricenses no salieron con faroles en 1821. La tradición del desfile, tal como hoy la conocemos, se organizó oficialmente en 1953. El profesor Víctor Manuel Ureña Arguedas, entonces director provincial de las escuelas de San José, impulsó la actividad. Su objetivo era fortalecer el espíritu cívico, especialmente entre niños y jóvenes. La primera celebración reunió a estudiantes, docentes y familias. Juntos recorrieron las calles josefinas con faroles elaborados artesanalmente.

Lea también ANTORCHA DE LA INDEPENDENCIA TENDRÁ RECORRIDO ALTERNO POR CAMBRONERO
Desde entonces, aquella actividad fue creciendo y pasó de las escuelas de San José a comunidades de todo el país. El farol también se transformó. Dejó de ser únicamente una fuente de luz y se convirtió en un espacio para la creatividad, la identidad y la participación familiar. Cada año aparecen diseños inspirados en la bandera y los símbolos nacionales. También se utilizan elementos como animales, paisajes y otras expresiones de la cultura costarricense. La tradición mantiene un vínculo especial con los centros educativos. Allí, estudiantes, docentes y familias participan en la elaboración de los faroles y en los desfiles.
Otro de los grandes protagonistas de esta noche es la Antorcha de la Independencia Centroamericana. Su recorrido recrea simbólicamente la manera en que la noticia de la Independencia avanzó por Centroamérica en 1821. La iniciativa de convertir ese recorrido en una tradición regional fue propuesta en 1964 por el profesor Alfredo Cruz Bolaños. Posteriormente, fue adoptada como un símbolo de unión entre los países centroamericanos. En Costa Rica, estudiantes realizan relevos hasta llevar la llama a Cartago.
Por eso, cuando esta noche miles de costarricenses levanten sus faroles y las comunidades se llenen de luces, no se trata solamente de una actividad escolar o de una costumbre tradicional. Cada farol representa una historia vinculada con la libertad, la esperanza, la identidad y la memoria. Aunque el episodio que inspiró la tradición ocurrió hace más de dos siglos y en otro país, Costa Rica lo convirtió en una celebración propia. Una tradición que, generación tras generación, vuelve a encenderse cada 14 de setiembre.





