Costa Rica registra más muertes que hace nueve años
Los hombres y las personas adultas mayores mantienen los indicadores más elevados dentro de la tasa de mortalidad
La mortalidad en Costa Rica muestra un incremento en los últimos años. La tasa pasó de 4,63 defunciones por cada mil habitantes en 2016 a 5,92 en 2025, lo que representa un aumento cercano al 28 %. Los datos preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) también evidencian diferencias entre hombres y mujeres, así como variaciones importantes según la edad y el lugar de residencia.
La brecha entre hombres y mujeres se mantiene en las cifras más recientes. En 2025, la tasa de mortalidad masculina alcanzó las 6,68 defunciones por cada mil hombres, mientras que entre las mujeres fue de 5,16 por cada mil. Esta diferencia también se registraba en 2016, cuando los indicadores eran de 5,24 y 4,02, respectivamente. De esta manera, los hombres presentan tasas de mortalidad superiores a las de las mujeres en ambos periodos.
Pero ¿por qué aumenta la mortalidad? Una de las principales explicaciones señaladas por el INEC es el envejecimiento de la población. A medida que aumenta la proporción de personas adultas mayores, también crece el número de defunciones en este grupo. Además, el instituto identificó que, desde 2020, las muertes asociadas a la COVID-19 se sumaron a esta tendencia. Por eso, un incremento de la tasa general no significa necesariamente que todas las personas tengan un mayor riesgo de morir.
La edad también marca diferencias importantes. En 2025, las personas de 65 años y más registraron una tasa de 34,34 defunciones por cada mil habitantes de ese grupo, frente a 36,17 en 2016. En contraste, entre los niños de 0 a 12 años, el indicador bajó de 0,77 a 0,69. Sin embargo, en los adolescentes de 13 a 17 años aumentó de 0,43 a 0,48; en el grupo de 18 a 35 años pasó de 1,08 a 1,27, y entre las personas de 36 a 64 años subió de 3,62 a 3,84.

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Las diferencias también se reflejan en el ámbito territorial. En 2016, Nicoya, Golfito y Atenas figuraban entre los cantones con las mayores tasas de mortalidad, con 6,4, 6,2 y 6,1, respectivamente. Para 2025, los primeros lugares correspondieron a Hojancha, con 8,8; San Mateo, con 8,5, y Osa, con 8,2 defunciones por cada mil habitantes. Estas cifras corresponden al cantón de residencia y permiten identificar cómo se distribuye este indicador en el país.
Al analizar las causas externas, que incluyen accidentes, homicidios, suicidios y muertes de intención no determinada, también se observan diferencias entre cantones. En 2016, Osa registró una tasa de 13,34 por cada diez mil habitantes, seguido de Golfito, con 10,44, y Limón, con 10,22. En 2025, Limón encabezó la lista con 15,75, seguido de Osa, con 15,27, y Quepos, con 13,71. Este indicador es distinto al de mortalidad general, ya que contempla únicamente las defunciones relacionadas con este tipo de causas.
Otros indicadores vinculados con la niñez y la maternidad presentan una evolución diferente. La mortalidad infantil pasó de 8,68 en 2021 a 8,44 en 2025 por cada mil nacimientos, mientras que la mortalidad fetal disminuyó de 7,02 a 5,99. Por su parte, la razón de mortalidad materna bajó de 4,05 a 1,54 muertes por cada diez mil nacimientos. En conjunto, estos datos permiten conocer los cambios en la mortalidad del país y las diferencias que persisten entre grupos de edad, sexos y territorios.






