La central energética Liddell, la planta de carbón más antigua de Australia, ha cerrado en medio del proceso de transición del país hacia fuentes de energía renovable. La central, que suministraba el 10% de la electricidad en Nueva Gales del Sur, ha sido desmantelada por su propietario, AGL, para dar paso a nuevos proyectos de energía limpia, como la construcción de una planta de hidrógeno. Aunque Australia ha sido durante mucho tiempo uno de los principales productores y exportadores de carbón, el país está trabajando para reducir su dependencia de los combustibles fósiles y se ha comprometido a generar el 82% de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2030.

A pesar de que los cierres de plantas de carbón como Liddell pondrán a prueba la capacidad del sector renovable para ocupar su lugar, un informe gubernamental publicado el viernes indicó que el país va en la dirección correcta. El Operador del Mercado de Energía de Australia señaló que los niveles récord de producción de electricidad renovable, en su mayoría solar, están reduciendo las emisiones y los precios. Australia, con su abundancia de luz solar y costas expuestas al viento, tiene la capacidad de convertirse en una superpotencia de energía renovable.

Sin embargo, el país sigue dependiendo en gran medida de las exportaciones de carbón y gas, y el gobierno aún tiene decenas de proyectos de gas, carbón y petróleo en su agenda. Según Mark Diesendorf, experto de energías renovables de la Universidad de Nueva Gales del Sur, aunque el país está avanzando en la dirección correcta, aún hay una contradicción en su enfoque energético. A pesar de los desafíos que presenta el almacenamiento y transporte de energía renovable, Australia tiene la capacidad de liderar la transición hacia una economía de energía limpia.

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