¿Lo que vemos en redes sociales representa lo que piensa la mayoría?

Miles de comentarios, publicaciones virales y reacciones pueden crear la sensación de que una determinada posición domina la conversación pública. Sin embargo, estudios sobre redes sociales y comportamiento humano muestran que nuestra experiencia digital puede ser muy distinta de lo que ocurre en la población general.
Hay algo que nos pasa cada vez con más frecuencia. Abrimos Facebook, Instagram, TikTok o X y encontramos cientos de personas diciendo exactamente lo mismo que nosotros pensamos. Vemos publicaciones, comentarios, videos, memes y reacciones que parecen confirmar una determinada posición y, después de pasar varios minutos viendo ese contenido, resulta bastante fácil llegar a una conclusión: “la mayoría piensa así”.
Pero ¿realmente estamos viendo a la mayoría?
No necesariamente.
El problema no es que las redes sociales sean falsas. El problema es que no fueron diseñadas para mostrarnos una fotografía aleatoria de la sociedad. Lo que aparece frente a nosotros depende de las personas que decidieron publicar, comentar o compartir, de las cuentas que seguimos, de aquello con lo que interactuamos y de los sistemas que utilizan las plataformas para seleccionar y ordenar contenido.
Por eso, una de las primeras diferencias que deberíamos tener claras es esta:
Lo que vemos en nuestro entorno digital no es necesariamente una muestra representativa de la población.
No todos los que piensan, publican
Una publicación puede tener 50.000 comentarios y generar la sensación de que 50.000 personas piensan exactamente igual. Pero esos comentarios no necesariamente representan a 50.000 personas diferentes. Tampoco esas personas fueron seleccionadas al azar.
Hay usuarios que publican constantemente, otros que solamente leen y otros que nunca participan en una conversación política.
Un ejemplo bastante claro aparece en una investigación de Pew Research Center sobre Facebook. El estudio encontró que 52% de los usuarios de Facebook en Estados Unidos decía encontrarse con al menos algo de contenido político en la plataforma. Sin embargo, solamente 11% decía publicar o compartir contenido sobre política.
Eso significa que existe una diferencia enorme entre la cantidad de personas que pueden estar viendo una conversación y la cantidad que realmente participa públicamente en ella.
Y esa diferencia importa mucho cuando intentamos interpretar los comentarios de una publicación como si fueran una encuesta.
Si 10.000 personas comentan una publicación, sabemos que hubo una conversación importante. Pero no podemos concluir, solamente a partir de esos comentarios, que 10.000 personas representan proporcionalmente a quienes piensan de esa manera en todo el país.
Incluso puede suceder que una pequeña cantidad de usuarios particularmente activos produzca una cantidad enorme de contenido.
Y mientras ellos hablan, otros simplemente observan o permanecen callados.

Cuando una minoría parece mayoría
Este fenómeno no es solamente una intuición. La ciencia de redes lo ha estudiado.
En 2016, investigadores de la University of Southern California publicaron en PLOS ONE un estudio llamado “The Majority Illusion in Social Networks”. Los autores explicaron cómo la estructura de una red puede hacer que una característica que es poco frecuente a nivel global aparezca como mucho más común cuando las personas observan solamente sus conexiones cercanas.
En otras palabras, podemos estar rodeados digitalmente de una opinión que no necesariamente es mayoritaria en la población completa.
El fenómeno se produce porque las personas no tienen acceso a la totalidad de la red. Observamos nuestro entorno y, dependiendo de cómo estén conectados los usuarios, determinadas posiciones pueden estar sobrerrepresentadas frente a nosotros.
Esto tiene una consecuencia muy sencilla:
Encontrar muchas personas que piensan como nosotros no demuestra por sí solo que esas personas sean mayoría.
Y aquí aparece otro elemento: nuestro propio cerebro.
Un estudio publicado en Computers in Human Behavior analizó la relación entre el uso de redes sociales y el llamado efecto de falso consenso, es decir, la tendencia a sobreestimar cuánto comparten nuestras opiniones otras personas. Los investigadores realizaron dos estudios, con 493 y 364 participantes, y encontraron una asociación entre un mayor uso de redes sociales y una mayor presencia de este efecto en distintas características, incluidas las actitudes políticas. Pero hicieron una precisión importante: los efectos fueron pequeños.
Es decir, tampoco sería correcto afirmar que las redes automáticamente nos hacen creer que todo el mundo piensa como nosotros.
La evidencia apunta a algo más sutil: nuestra percepción de lo que piensa la mayoría puede estar influenciada por las personas y contenidos que tenemos alrededor.
Dos personas pueden vivir dos realidades digitales completamente distintas
Imaginemos dos usuarios.
Una persona piensa A, comienza a seguir cuentas que defienden A, interactúa con publicaciones relacionadas con A y termina recibiendo cada vez más contenido de ese tipo.
Cuando abre su teléfono encuentra nuevamente a personas defendiendo A. Entra a los comentarios y vuelve a encontrar A. Ve un video y las reacciones vuelven a ser A.
Después de varios días puede terminar pensando:
“Es evidente que la mayoría está de acuerdo conmigo”.
Mientras tanto, otra persona que piensa B puede estar viviendo exactamente la experiencia contraria.
Los dos abren sus teléfonos.
Los dos ven cientos de personas que coinciden con ellos.
Y los dos pueden terminar creyendo que están viendo a la mayoría.
Aquí entran los algoritmos.
No sería correcto decir simplemente que “el algoritmo decide lo que pensamos”. La evidencia científica es bastante más compleja y los resultados varían según la plataforma.
Pero sí sabemos que los sistemas de recomendación pueden modificar considerablemente qué contenido vemos.
Un experimento publicado en Nature en febrero de 2026 asignó aleatoriamente a usuarios estadounidenses de X a un feed algorítmico o cronológico durante siete semanas. Los investigadores encontraron que activar el feed algorítmico modificó el contenido político al que estaban expuestos los participantes y desplazó algunas de sus opiniones políticas hacia posiciones más conservadoras. El estudio también encontró cambios en las cuentas políticas que los usuarios decidían seguir.
Pero el mismo estudio recuerda algo importante: investigaciones anteriores realizadas con Facebook e Instagram encontraron resultados diferentes, sin efectos detectables sobre varias actitudes políticas al modificar el funcionamiento del feed.
Por eso la conclusión no debería ser “los algoritmos manipulan a todos”, sino algo mucho más preciso:
La forma en que una plataforma selecciona y ordena el contenido puede cambiar significativamente nuestra experiencia de la conversación pública, y sus efectos no son iguales en todas las plataformas.

Y hay millones de personas que nunca aparecen en nuestra conversación
Este punto quizás sea uno de los más importantes.
Las redes hacen muy visibles a quienes hablan, pero son prácticamente incapaces de mostrarnos a quienes deciden no participar.
Esto conecta con un fenómeno estudiado durante décadas: la espiral del silencio.
Pew Research Center realizó una encuesta nacional representativa de 1.801 adultos estadounidenses sobre la disposición de las personas a expresar sus opiniones sobre un tema político controvertido. El estudio encontró que quienes percibían que sus amigos y seguidores no compartían su posición eran menos propensos a expresar esa opinión públicamente.
El dato es particularmente llamativo: mientras 86% de los estadounidenses encuestados estaba dispuesto a conversar presencialmente sobre el tema analizado, solamente 42% de los usuarios de Facebook y Twitter estaba dispuesto a publicar su opinión sobre él. Y entre quienes no estaban dispuestos a discutir el asunto presencialmente, apenas 0,3% estaba dispuesto a publicarlo en redes sociales.
El estudio corresponde a Estados Unidos y fue realizado en 2013, por lo que no debe utilizarse como una fotografía de Costa Rica en 2026.
Pero sí ayuda a entender un mecanismo que puede afectar nuestra percepción:
Los más activos pueden hacerse mucho más visibles, mientras que quienes prefieren callar desaparecen de nuestra observación.
Y eso significa que una conversación digital puede estar profundamente condicionada por quiénes tienen mayor disposición a participar.
¿Y qué pasa cuando lo comparamos con Costa Rica?
Aquí aparece un contraste interesante.
La encuesta de opinión pública del CIEP-UCR de septiembre de 2026 encontró que 72% de las personas consultadas dijo no simpatizar con ningún partido político, mientras que 28% manifestó simpatía por alguna agrupación.
Este dato no demuestra que las redes sociales estén equivocadas ni permite determinar qué opinión es mayoritaria dentro de una conversación específica.
Pero sí muestra por qué debemos tener cuidado al convertir nuestra experiencia digital en una conclusión sobre todo el país.
Una encuesta de opinión pública utiliza una metodología diseñada para estudiar una población determinada. Nuestro feed, en cambio, está compuesto por una combinación de nuestras conexiones, nuestras interacciones y los sistemas de selección de contenido de cada plataforma.
Son dos fotografías construidas de maneras completamente diferentes.
Por eso una publicación con 100.000 reproducciones puede ser muy importante. Una publicación con 20.000 comentarios puede demostrar que existe una conversación intensa. Pero ninguna de esas cifras, por sí sola, nos permite decir que 100.000 personas comparten una opinión o que 20.000 comentarios representan proporcionalmente al país.
Viral no significa mayoritario.
Interacción no significa representatividad.
Y cantidad de comentarios no equivale a cantidad de ciudadanos.
Las redes sociales son una herramienta extraordinaria para conocer qué temas generan conversación, qué argumentos circulan y qué preocupa a determinados grupos. El problema aparece cuando damos un paso adicional y confundimos esa conversación con una medición de toda la sociedad.
Quizás por eso, cuando nuestro teléfono nos muestra cientos de personas pensando exactamente como nosotros, la pregunta no debería ser solamente “¿cómo puede ser que todo el mundo piense así?”
Tal vez deberíamos preguntarnos:
¿Cuánto de la sociedad estoy viendo realmente?
Porque quizá las redes sociales no nos muestran una realidad falsa.
El problema es que pueden mostrarnos una parte de la realidad tantas veces que terminamos creyendo que esa parte es toda la realidad.
Y una ventana, por grande que sea, nunca es el paisaje completo.

